El clima es muy contrastado, el invierno es bien frío, nieva muchos años y por las noches las temperaturas descienden bajo cero. Esto es beneficioso para los agricultores porque muchas plagas de insectos no resisten estos fríos y así se ahorran tratamientos químicos.

Las primaveras son una delicia, el clima es templado y los campos parecen jardines, con toda la amplia gama de flores silvestres. Los veranos son muy calurosos, con una fuerte insolación pero estamos en una zona especial en que la diferencia del día a la noche puede ser de 20º y, por suerte, por la tarde llega la marinada fresca y húmeda y así se reavivan los cultivos.

Para el otoño maduran las aceitunas y estas oscilaciones de temperatura durante la campaña fortalecen las plantas y dan un sabor muy especial al aceite y al vino.